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The lodge

Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Andres Mideros

Andres Mideros

Por @andresmideros

 

El 4 de agosto fue el día mundial por la lactancia materna. Así que robando ideas de algunos lados recupero y actualizo un escrito del pasado 8 de marzo. La lucha por la igualdad es de todos los días. Y es que hay muchos temas pendientes de resolver, que han hecho del machismo un factor de violencia, desigualdad y pobreza. Sin desconocer que existen múltiples factores estructurales en esta temática, quiero centrarme en uno: el trabajo y el empleo.

Empezando con la lactancia materna. Dos aristas (robadas de aquí): la promoción y la condición. Es necesaria la promoción sobre la importancia de la lactancia materna para el desarrollo infantil, la información (aquí y aquí) genera conciencia (eso ya es de cada quién). Pero del dicho al hecho, hay mucho trecho. Es vital generar condiciones para que esto pase. Por un lado, garantizar que las madres trabajadoras puedan realmente destinar el tiempo necesario para la lactancia, que se cuente con espacios adecuados en lugares de trabajo, que el permiso de lactancia dure el tiempo que debe durar la lactancia exclusiva, entre otros elementos que requieren que pongamos a la vida por sobre el capital. Y por otro lado (robando de acá), hay que erradicar la discriminación y violencia que sufren a diario miles de mujeres por dar de lactar en público, como si fuera (aquello que tanto se promociona) el mayor atentado a las buenas costumbres, de una sociedad que no logra romper con el machismo, el curuchupismo, y de hecho la doble moral.

En otro tema, es fundamental partir del reconocimiento del trabajo de cuidado (en su mayoría no remunerado) que se vincula con la atención a niños y niñas, adultos mayores, personas con discapacidad. Son actividades que sostienen la reproducción de la vida, olvidadas por el sistema capitalista que confunde el fin de la economía en la acumulación de riqueza monetaria, en lugar de la satisfacción de necesidades y la dignidad humana. De esta manera se oculta la desigualdad, ya que estas actividades se concentran mayoritariamente en mujeres. De acuerdo a la encuesta de uso del tiempo del año 2012 se observa que las mujeres dedican semanalmente, en promedio, 31 horas y 40 minutos a estas actividades, frente a 9 horas y 9 minutos de los hombres. No se puede regular el trabajo y el empleo sin enfrentar estas realidades, que generan desigualdades en el uso del tiempo, la independencia económica, y en última instancia en la libertad de “ser” y “hacer” de las mujeres. Algo inconcebible en el siglo XXI, y peor aún en una sociedad que pretende construir el Buen Vivir.

Estas realidades se expresan también en el llamado “mercado laboral” (ahí donde se vende la fuerza de trabajo por un salario, y el ser humano se convierte en mercancía -factor de producción). A diciembre de 2015, el empleo adecuado en el caso de mujeres alcanzó el 36,9%, y el desempleo el 6,1%; en comparación al 53,1% y 3,9% en el caso de hombres. El ingreso de los hombres es entre 1,1 y 2,2 veces el de las mujeres, según el sector económico en que se ocupan. Entre los determinantes de esta desigualdad, uno es el “poder” de hombres y mujeres en las relaciones laborales. Si por costumbre social e incluso por lo que establece la Ley la mujer podría en algún momento optar por la maternidad o el cuidado de otras personas, no es de extrañar que el empleador tenga una preferencia a ofrecer mejor empleo y mayor salario a un hombre, con las mismas capacidades. Eso hay que cambiar.

¿Qué hacer? Además de y relacionado a lo indicado en relación a la lactancia materna, es necesario igualar la licencia de paternidad con la de maternidad, así como el permiso para la alimentación y cuidado del hijo o hija. De esta manera se rompen los roles que impone el machismo, se democratiza el tiempo, y se igualan las condiciones laborales. Es importante que estas licencias sean con remuneración para no llegar a la disyuntiva de elegir entre el cuidado y la capacidad de generar ingresos. El cuidado así como el trabajo, son derechos, y no un privilegio o lujo de pocos.

Propuestas hay. Lo más díficil es el cambio cultural.

Por: @andresmideros


El 19 de febrero de 2017 se realizarán las elecciones de Presidente/a y asambleístas. Con la aprobación de las enmiendas constitucionales, en diciembre del año pasado, Rafael Correa podrá volver a ser Presidente, pero después de que pasen las próximas elecciones. Aparecen los candidatos. Sin sorpresa se presentan Guillermo Lasso, ‘Dalo’ Bucaram y Lucio Gutierrez. Jaime Nebot espera ser la cabeza que una a las derechas, y propone a Cynthia Viteri nuevamente; Paúl Carrasco hace su juego y Mauricio Rodas se esconde. Los intereses de la derecha son simples, los une, pero sus ambiciones son muy complejas. Las izquierdas fuera del Gobierno tienen un dilema coyuntural, el candidato, y otro estructural: ¿jugarán a la derecha hipotecando sus principios?, ¿buscarán una alianza de movimientos y tendencias de izquierdas y progresistas?, ¿la buscarán junto con Alianza PAIS (AP)?, ¿buscará AP un Frente Amplio con nuevos actores? La izquierda se une por principios. La cancha la marcará quien sea candidato de Alianza PAIS. Se sigue promocionado a Jorge Glas. Por otro lado, se intenta parar los pedidos de candidatura y las muestras explícitas de apoyo a Lenín Moreno; a quien, además, las encuestas muestran como el mejor de los candidatos. El terremoto también afecto el escenario político, así como la crisis económica. Nada está resuelto.


Más que nombres (que con la excepción de C. Viteri, son todos de hombres) hay que pensar el programa que el país necesita y el perfil de Presidente/a para cumplirlo. Alianza PAIS realizó convenciones ideológicas a nivel nacional. Qué bien ha hecho la política del diálogo. Hasta junio se esperaba una propuesta de programa de gobierno, y con este se debía presentar al candidato que lo liderará, y estructurar al movimiento (AP) para afrontar las elecciones. Este hito se sigue aplazando, será en Octubre han dicho. Nada está definido.


Entre los asuntos concretos que se deberán enfrentar, aquí planteo algunos. Primero, hay que afrontar un momento difícil en lo económico, y hay que hacerlo con absoluta claridad sobre los intereses que se enfrentan, y las limitaciones estructurales de la economía, el ambiente y la sociedad. El trabajo y el empleo son el principal tema a debatir en la coyuntura. La producción y la debilidad del sector externo son los grandes pendientes estructurales. Se ha generado una base de infraestructuras y servicios (productividad), y de capacidades (con retornos a mediano plazo) para sostener un nuevo modelo económico. Pero no se ha logrado aún cambiar la matriz productiva. Es necesario encauzar el cambio de modelo económico con base en el conocimiento, la ciencia y la tecnología, apostando por lo social y solidario, por la agricultura familiar y campesina.


Segundo, hay que consolidar el nuevo país. Los principales logros de la Revolución Ciudadana están en el desarrollo social y el talento humano. Es necesario profundizar en eficiencia, calidad, calidez, y sostenibilidad. Junto al pacto social, se requieren pactos fiscal, ambiental y cultura. Ecuador ya cambió, pero el país que se deja no es aún el país que queremos. La pobreza se ha reducido, pero aún no se la ha erradicado. Por eso la lucha sigue. Para construir el Buen Vivir se necesita mejor Estado (planificado, eficiente y eficaz, democrático, libre de corrupción), responsabilidad en la acción privada (con mercados regulados eficientemente), solidaridad en la comunidad, pero sobre todo más sociedad (participación ciudadana con diálogo y debate permanente, control social, poder popular).


Tercero, hay que profundizar en inclusión, equidad y justicia social, y para eso en justicia económica y ambiental. Gran parte de la sociedad aún sufre de exclusión, violencia y discriminación. Ecuador no ha superado el modelo colonial, patriarcal y racista. La crisis es de valores: consumismo, individualismo, degradación ambiental y segregación social. No se necesita únicamente una buena gestión de obras ni alcanza con una buena política pública, sino que, además, se requiere de la capacidad para direccionar un cambio cultural para el Buen Vivir.


Pensando el programa y el escenario, y volviendo ahora sí a los nombres, no queda duda que la mejor opción es la de Lenin Moreno. Siempre en consideración de su capacidad de generar y ampliar alianzas (programáticas), de dar continuidad pero con criticidad. Hay que entender que es un nuevo momento.


Ver versión publicada en Diario El Telegarfo (3 de marzo de 2016): http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/programa-y-candidato-para-presidente

Por: @andresmideros


El capitalismo ha llevado a la humanidad a un estado de crisis, trastocando los valores. Fracasó sin embargo, y en buena hora, en lograr “el fin de la historia”, el pensamiento único, la resignación al mundo en que vivimos, en hacer que olvidemos que el mundo actual es fruto y construcción de un proceso histórico y social, de imposición de “vencedores” sobre “vencidos”. Fracasó en convencernos que “el dinero es más importante que la vida”; fracasó porque los últimos años están cargados de indignación. Indignación que llevó al surgimiento de gobiernos progresistas de izquierda en América del Sur, y ahora en la Europa del Sur.


En Ecuador, 10 años atrás se escuchó el grito de “fuera todos”. El pueblo ecuatoriano, indignado, salió a las calles como “forajidos” a exigir que nos devuelvan el Estado, que nos dejen de mentir. Salió a decir que el poder es del pueblo, y no de unos pocos acomodados. Hace 10 años fue el detonante de luchas sociales por derechos campesinos, de mujeres, de pueblos indígenas y afros, de indignación con la corrupción. Hace 10 años se gritó “ya basta” a la sucretización de la deuda de Osvaldo Hurtado, a los escuadrones volantes y los “desaparecidos” de Febres-Cordero, al “ven para mearte” de Nebot, a los privilegios para la oligarquía y el olvido al pueblo, al feriado bancario de Mahuad y Guillermo Lasso, a la mentira y traición de Lucio Gutiérrez y compañía.


Esa indignación permitió, lo que antes no era posible: unir, ilusionar, construir un nuevo proyecto de sociedad; una nueva Constitución que funde una Patria para todos y todas. Hace 10 años se encendió la llama para construir un nuevo Ecuador, altivo y soberano, incluyente, con oportunidades y derechos para todos y todas, no para unos pocos privilegiados. Se dio un cambio de época, cambió la vida de las personas. Ahora, se construye un nuevo país, se transforman estructuras; eso toma tiempo. Se está cambiando un Estado y una sociedad que como herencia de la colonia mantiene prácticas patriarcales, corruptas y racistas. Se está cambiando una economía capitalista que excluye y empobrece por una economía social y solidaría que incluye y (re)distribuye. Se está cambiando una sociedad a la que se le dijo que la libertad es la del mercado, que cada persona compre y venda lo quiera (como si todo, hasta la vida, fuera una mercancía; y como si todos tuviéramos las mismas oportunidades; no se pensaba redistribuir para competir en igualdad), por una sociedad en la que entendamos que la libertad de uno empieza junto a la de los demás, dónde se entiende que mientras una persona no cuente con las oportunidades y los medios para una vida digna, toda la sociedad es pobre. Los logros, a la fecha, son muchos e innegables; los pendientes, las tensiones y las contradicciones también; el camino es el adecuado, se lo puede mejorar. No me voy a detener en eso ahora, pero salga y vea: el país ya cambió, no es el que teníamos hace 10 años.


Hace 10 años, se los sacó, se fueron, pero no del todo. Ahora, cuando se habla de “restauración conservadora”se habla de esos personajes y de esas prácticas que buscan regresar. ¿Dónde están?… en todos lados. Esa no es la pregunta de fondo. Pensemos que al caricaturizar el término o ubicarlo en un lado u otro, el juego se lo hacemos al pasado. Al recordar y reflexionar sobre los 10 años de la “rebelión de los forajidos” hay que pensar si se quiere volver a ese pasado del que logramos liberarnos.


La memoria es frágil, y más cuando se aplaude a quienes “no les interesa la historia”, a quienes dicen “las ideologías no importan”, a los que señalan que “no es un tema de izquierdas o derechas”. Discurso que pretende que nada cambie (de derechas), para tratar de minimizar las luchas por cambiar el mundo (de izquierdas). Reduciendo, es la lucha por no cambiar la economía, la sociedad, la política, el ambiente… que triunfe el capital, el dinero. Ahí no importa la ideología, ni la historia. Y es que la “restauración conservadora” (permítaseme usar el término) aprovecha la fragilidad de la memoria, el tiempo (que siempre desgasta), y las tensiones y contradicciones propias de la política; pero además aprovecha los logros alcanzando que permiten que la llamada “clase media” aumente y mejore, que no vea ahora el riesgo de empobrecimiento; la manipulan para que se “sienta” oligarquía, y que defienda intereses que muchas veces no son los suyos. Que frágil es la memoria, y que terrible es olvidar la historia. Así se aprovechan (las derechas) para decir que no importa la política (las ideologías) y que dejemos de reflexionar; y buscan, con éxito en algunos casos, convencer con “nuevos” políticos lights de mil colores (tampoco me detendré en esto ahora, pero salga y vea los resultados de “votar sin ideología”), o con viejos políticos (de feriados bancarios y escuadrones volantes) que ahora dicen ser los mayores defensores de derechos.


¿Las ideologías importan? … ¡claro que importan! ¿La historia importa? … ¡claro que importa! La historia enseña errores y aciertos, y explica porque estamos donde estamos. La ideología, la política, señala a dónde queremos ir. Las ilusiones nos movilizan. A 10 años de ese momento de indignación, de “forajidos”, hay que reflexionar sobre el país que se construye, los logros y los pendientes, las tensiones y contradicciones, los riesgos y amenazas, el pasado que quiere volver porque nos olvidamos de lo que era. A 10 años de haber dicho “fuera todos”, es importante regresar la mirada para entender los cambios logrados, y claro para reflexionar sobre lo que falta, lo que hay que corregir, lo que hay que profundizar.

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