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Ciudades

Erradicar pobreza

OBSERVATORIO CIUDADANO

Evolución de la pobreza en el Ecuador: logros de la revolución ciudadana y desafíos actuales.

Escrito por 30 Ago,2016

Por @andresmideros

 

La pobreza tiene muchos rostros. Hambre, no contar con recursos para alimentarse adecuadamente. Sed, no tener acceso a agua segura. Insalubridad, no contar con alcantarillado, vivir en una casa con materiales inadecuados, vivir hacinados. Ser vulnerable a riesgos naturales y de salud. No tener un trabajo digno ni seguridad social. Niños/as que no van a la escuela, y sufren malnutrición. Pero también discriminación, exclusión, explotación y violencia. La pobreza es no tener derechos, ni oportunidades.


En los últimos años se han logrado importantes avances. Sin embargo, uno de cada cuatro ecuatorianos todavía sufre de varias de estas condiciones, especialmente niños/as, adultos mayores, pueblos y nacionalidades indígenas y afroecuatorianos. Quedan muchos desafíos.


Todos los indicadores de pobreza muestran reducciones importantes:

  • La pobreza por ingresos (contar con menos de $ 2,79 diarios, a diciembre de 2015) se redujo de 37,6% en 2006 a 23,3% en 2015. Esto significó que 1,5 millones de personas salieron superaron este umbral.
  • La pobreza por consumo (consumir menos de $ 2,81 diarios, a 2014; la diferencia con el ingreso es que esta mide consumo real, y la primera disponibilidad de ingresos) cayó de 38,3% en 2006 a 25,8% en 2014. 1,3 millones de personas superaron este tipo de pobreza.
  • La pobreza por necesidades básicas insatisfechas (NBI) que combina condiciones de los hogares (acceso a servicios básicos, calidad de materiales de la vivienda, hacinamiento, asistencia a la escuela y dependencia económica) pasó de 51,6% a 32,9% entre 2005 y 2015.
  • El porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional (que mediante 12 indicadores organizados en cuatro dimensiones aproxima el ejercicio de los derechos del Buen Vivir de educación; trabajo y seguridad social; salud, agua y alimentación; y hábitat, vivienda y ambienta sano) se redujo de 51,5% en 2009 a 35,0% en 2015, lo que representa que 1,9 millones de personas superaron esta condición de pobreza estructural.

 

Pobrezas 2016 08 29

 

Reducir la pobreza no es cuestión de suerte, sino que ha respondido a la planificación nacional. Las diferentes ediciones del Plan Nacional para el Buen Vivir (uno por periodo de Gobierno) y la Estrategia Nacional para la Igualdad y la Erradicación de la Pobreza (ENIEP) establecen los lineamientos de política pública cuya implementación ha permitido alcanzar estos logros. Por ejemplo, al revisar la evolución de la pobreza por consumo (coyuntural) se observa que está aumentó de 39,3% en 1995 a 44,8% en 1998, y que después regresó a un valor de 38,3% en 2006. Una década perdida en reducción de la pobreza. De hecho, se observa que en los ocho años comprendidos entre 1998 y 2006 este tipo de pobreza se redujo en 14,5%. Mientras que entre 2006 y 2014 este indicador de pobreza se redujo en 32,6%. Es indudable entonces que los últimos años han sido los de mayor reducción de la pobreza. Detrás están políticas públicas que incluyen el salario de la dignidad y el impulso a la economía popular y solidaria (EPS) a través de capacitación, asistencia técnica, asociatividad, crédito, preferencia en compras públicas, y acceso a mercados (ferias y regulación de perchas de supermercados), pero además las políticas de transferencias monetarias (BDH, Bono Joaquín Gallegos Lara, pensiones no-contributivas a personas con discapacidad y adultos mayores).


De manera similar, la reducción de la pobreza multidimensional (estructural) refleja logros de política pública. La carencia que más se ha reducido es la falta de acceso a la seguridad social, que se explica por una ampliación de cobertura donde se debe destacar la afiliación de trabajadores/as remunerados y no remunerados del hogar al IESS, pero además por la implementación de pensiones no-contributivas para adultos mayores desde el MIES. Así mismo se han reducidos carencias en cuanto a logro educativo incompleto e inasistencia a educación básica, déficit habitacional (vivienda), desempleo y acceso a servicios de agua y saneamiento. En esto se reflejan las políticas educativas, de vivienda, y el financiamiento desde el Banco de Desarrollo del Ecuador (anteriormente, Banco del Estado) a GAD Municipales para obras de agua potable y alcantarillado. Aquí está la apuesta para el futuro, la inversión más allá de infraestructuras, en generación de capacidades e igualdad de oportunidades.


Sin embargo quedan varios desafíos. La pobreza aún no se ha erradicado. Además, la crisis económica mundial afecta al Ecuador reduciendo la liquidez y la actividad económica y con ello el empleo y los ingresos. De manera particular, en diciembre de 2015 y junio de 2016 se evidenció un incremento de la pobreza por ingresos, particularmente en zonas rurales donde aumentó 4,0 y 2,9 puntos porcentuales respectivamente, en comparación con el mismo mes del año anterior (es decir en junio de 2016 habían 178 mil más personas en situación de pobreza que en junio de 2015). Por otro lado, la buena noticia es que la pobreza estructural medida por el IPM no se ha incrementado. En junio de 2015 estaba en 37,3% de la población y en junio de 2016 en 36,1%. Esto refleja que la crisis económica afecta a la pobreza coyuntural, pero que en términos generales se tienen mayores capacidades que en el pasado.


¿Qué hacer en este escenario? ¿Cómo afrontar la crisis? Así como en escenarios económicos positivos la política (y su expresión en política pública) refleja prioridades para distribuir y redistribuir beneficios, en crisis hay que ver a los costos. Evitar retrocesos en reducción de pobreza estructural (multidimensional) requiere que se mantengan y sostengan servicios sociales de salud, educación, primera infancia, seguridad social, vivienda, agua y saneamiento. Esto debe reflejarse en prioridades concretas dentro del Presupuesto General del Estado. Frente a la pobreza coyuntural (de ingreso) las prioridades deben estar en ampliar el fomento de la economía popular y solidaria que es dónde (todavía) se encuentra la población más vulnerable. Esta no está empleada en grandes empresas recibiendo el salario de la dignidad y afiliada a la seguridad social, ni con ahorros y acceso a créditos, ni con posibilidades de viajar a hacer compras en otro país (es decir, con mayores capacidades de afrontar la crisis). Así mismo, la población damnifica por el terremoto del 16 de abril, en su mayoría, no realiza actividades económicas catalogadas de “empleo adecuado”. Es a estos sectores a los que se debe dar hoy más que nunca incentivos productivos, acceso a crédito y medios de producción, y prioridad en compras públicas. Recordando además que estos sectores (la mayoría de la población) son los dinamizadores de las economías locales, ya que su consumo se da dentro de su propio territorio.


Finalmente hay un gran pendiente. La meta siempre ha sido erradicar la pobreza extrema por ingresos al 2017. La tendencia era la correcta, pero ahora está en alto riesgo de no cumplirse. La política pública en todas las agendas globales y regionales hace una apuesta decidida por las transferencias monetarias (condicionadas o no). En el Ecuador tenemos al BDH, y la literatura muestra que lejos de generar desincentivos (dejar de trabajar, asumiendo que la gente es vaga), ayuda a hogares en pobreza extrema a superar “trampas de pobreza” (poder comer, tener un ingreso seguro para emprender, cubrir costos de transporte para acceder a servicios, e incluso acceso a crédito). En el mundo y en la región se vienen expandiendo este tipo de programas, y la evidencia científica es clara en su capacidad (para junto a otros programas complementarios) dar condiciones y oportunidades a los hogares para que con su esfuerzo salgan de condiciones de pobreza extrema. Una pequeña reforma, que permita pasar de una transferencia plana (el BDH es de $ 50 mensuales al hogar, sin importar el número de personas) a una que considere el número de niños/as y adolescentes en el hogar (transferencia variable), y ajustando el instrumento de focalización para garantizar que se llegue a los hogares en pobreza extrema por ingresos permitiría alcanzar esta meta al 2017. Sin duda, hay un costo. No más del 0,1% del PIB, para tener un país sin pobreza extrema. ¿Cuánto se gasta en subsidios a la gasolina, subsidios a pensiones, en incentivos a grandes empresas, en deducciones al impuesto a la renta?


La pobreza es la negación de derechos, y por ende de la ciudadanía, es generada por estructuras de poder económicas, políticas y culturales. Los pobres no son quienes salen a marchar o contramarchar, porque son los sin voz, los nadie diría Galeano. Erradicar la pobreza extrema es un imperativo moral, debe ser la prioridad de las voluntades sociales y políticas. Es posible, es un deber ético.


 

Ver versión (reducida) publicada en Diario El Telegrafo (30 de agosto de 2016): http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/punto-de-vista/1/logros-y-desafios-en-la-erradicacion-de-la-pobreza


Ver versión (ampliada) publicada en GKILLCITY (5 de septiembre de 2016): http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/ecuador-tiene-menos-pobres-pero-aun-son-demasiados?utm_campaign=shareaholic&;utm_medium=twitter&utm_source=socialnetwork


Ver versión publicada en Kafeina.tv (14 de enero de 2017): http://www.kafeina.tv/erradicacion-de-la-pobreza-ecuador/

Leído 3162 veces Modificado por última vez el 15 Feb,2017
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